
Por Jeison Cifuentes (Columnista Invitado)
La tarde en la que los hinchas del Medellín querían festejar su aniversario 98 será recordada por un equipo humilde, Boyacá Chicó, que profanó el Atanasio Girardot con tres goles, suficientes para reactivar las explosivas emociones de Hernán Darío Gómez.
Gómez encendió la polémica con unas declaraciones que no extrañan en él, pues su franqueza y chabacanería son patentes suyas desde que escogió la dirección técnica como el camino de su vida.
Conocido por no callarse ante nada ni nadie -estilo que incluso estuvo cerca de costarle la vida cuando fue baleado en Ecuador- , “Bolillo” es el personaje ideal de los medios. El hombre al que jamás hay que cerrarle un micrófono o negarle extensiones en una entrevista. Siempre sale con alguna frase de repertorio, que abandona por completo la respuesta típica, que parece pregrabada, en muchos personajes del fútbol. En él los periodistas encuentran la pepita de oro con la cual hacen su trabajo.
La crisis que vive con el Medellín fue el último episodio. La diferencia entre él y un hincha que sale rabioso del estadio, con el rostro desencajado y la tristeza presente con cada paso que da mientras regresa a casa, radica en que Gómez estalló ante los medios, fue replicado en el continente, mientras el hincha se pierde en el anonimato de sus penas.
“Si no estamos en capacidad de ser profesionales y yo no estoy en capacidad de dirigir, también soy otro malo, igual a todos”, lo dijo un “Bolillo” ofuscado, idéntica postal a la que hace muchos años expuso en Manizales, cuando, siendo el entrenador de la elección Colombia dijo que el público del Palogrande sabe más de toros que de fútbol, o el famoso “reversazo para atrás” de la Copa América 2011. Siempre que hable hay algún plus en sus respuestas.
En el fútbol colombiano no hay un personaje como él. Es el extécnico de la Selección Colombia que salió por agredir a una mujer y al cabo de un tiempo salió públicamente a pedir perdón. Ahora busca el indulto en el fútbol colombiano, aún lejano de serle concedido por su floja campaña al frente del equipo que ha sido su primer amor, así su imagen tenga tonos verdolagas por el pasado exitoso al frente de Atlético Nacional.
Gómez ha dirigido 10 partidos con el Independiente Medellín, de los cuales solo ganó tres, por dos empates y 5 derrotas. La paciencia se agotó en él, sus palabras apuntaron primero a los jugadores y a él mismo, sintiéndose incapaz de dirigir a una plantilla que ya mira con preocupación la Tabla del Descenso.
El “Poderoso” está a 8 puntos de caer en la Promoción y el invierno en el Medellín apenas comienza. Una tormenta de críticas hacia el equipo y su entrenador se han desencadenado desde distintos frentes. La mesa está divida entre quienes apoyan al DT o cuestionan su trabajo. Entre él y su antecesor, Guillermo Berrío, Medellín desencantó a sus hinchas. Ya no cuentan las victorias en los clásicos antioqueños.
La realidad del Medellín es la de un equipo sin padrino porque su timonel, aquel al que encomendaron un barco, hoy parece impulsar una simple piragua. Lo único sensato en la declaración de Gómez fue el reconocimiento de sus errores. Es tan malo como los jugadores que hace dos meses dirige. El Medellín de hoy es un equipo acéfalo.